julio 25, 2004

Cuando los santos van marchando (Piquete de putas)

La ciudad en los últimos días fue un caos. La afluencia turística incremento notoriamente el transito y ya no hay donde estacionar. Yo soy uno de los cientos de ilusos que sale con la esperanza de encontrar un huequito en donde estacionar mi auto, para terminar estacionándolo mas cerca de mi casa que del trabajo.
Y como si esto fuera poco y por el mismo precio, a esto se le sumaron las calles cortadas por los benditos piquetes a la riojana de los últimos días.
Pero este no es piquete cualquiera. Acá los clásicos baberitos naranjas con los que vemos a Castells y a sus secuaces, fueron cambiados por minifaldas, rouge y tacones lejanos. Las chicas de la noche, las samaritanas del amor (como las llamara de forma poética José Luis Perales), las nunca bien vistas putas a secas, salieron a calle a reclamar por su derecho al laburo, que se vio interrumpido cuando el nuevo secretario de seguridad de la provincia, decidió clausurar todos los prostíbulos de la comarca,  haciendo uso de su poder de policía... de comisario de Trulala diría yo mas bien, por que hizo repimporotear a mas de uno.
Así es como luego de verificar que en estos antros de la perdición (y por que no decirlo, de la diversión) no se cumplían las normas de higiene reglamentarias se decidió clausurar. (versión oficial)
Creo que el río trae agua de varios lados, y no podemos detenernos en la versión simplista que pretenden imponernos (como siempre). Si bien es cierto que muchos de esos lugares no cumplían con las reglamentaciones, también lo es, que pasaron años sin controles porque muchos de esos lugares eran “apadrinados” por funcionarios que ahora se ponen de lado del comisario de Hijitus y cuestionan a los “desacataos”.
A todo esto, las chicas salieron a la calle a defenderse, y a amenazar con escrachar a los clientes VIP que las frecuentan en busca de sus amores pagos.
Mi intención no es defender ni al que coge para comer, ni al que paga por coger, ni mucho menos emitir juicio. Solo hacer eco de lo que la mayoría de las personas sensatas pensamos; que lo prohibido lleva necesariamente a lo clandestino, y esto, a un estado de indefensión en cuanto a controles sanitarios, de minoridad, etc.Queda en el anecdotario popular el día que las putas salieron a la calle con la amenaza de romper el silencio profesional y a mas de un “santo” le hicieron tambalear el altar.




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