La moda y los chicos
¡No voy a permitir que dos “fashioncitas” y un “centímetrosexual” por que no le da el tamaño ni el cuero para “metrosexual” me manejen la vida y mucho menos el bolsillo!
Los chicos de ahora pretenden elegir la ropa que se van a poner y que se les va a comprar, todo culpa de los mensajes subliminales de los programas de hoy en día que pintan una realidad distorsionada.
- Pero papi, yo quiero las zapatillas de Floricienta!
- Estas loca Guady, esas zapatillas valen como ochenta pesos y no puedo pagar eso por unas zapatillas para vos, cuando les tengo que comprar a los tres iguales. (exponiendo mi mejor teoría del comunismo aplicado para niños)
- Pero floricienta es pobre como nosotros!
- Nosotros somos pobres pero como el chavo hijita, no como Floricienta
- Pero yo no quiero las zapatillas del chavo!!!!!!! (ya totalmente empacada)
Pense en decirle que nosotros no somos pobres con canje publicitario, pero no lo iba a entender, como tampoco entendió mucho el porque no de la zapatillas.
La verdad que ahora hay cada cosa en vidriera, que son de ensueño, y de solo verlas te imaginas la cara de tu hijos en el maniquí.
Y es que la indumentaria de chicos de un tiempo a esta parte, avanzó a pasos agigantados. De chicos nos ponían cualquier cosa, a veces sin combinar colores, a veces heredado de primos o hermanos crecidos, y a veces hecho por las manos laboriosas de nuestras madres que en su afán de costureras amateurs, sacaban moldes de la revista “Criatura” para confeccionarnos Jumper o Far west (términos utilizado por las madres de la época).
De todos modos, y para librar a nuestras madres de toda culpa, la moda infantil no era tal, era solo ropa y convengamos que bastante fea y poco variada. Ni que decir de los accesorios con los que se aggiornaba a algunos niños, léase anteojos culo botella de marco grueso negro; ortodoncia que mas que alambres parecían hierro forjado; y los clásicos y horrendos zapatos ortopédicos con los cuales caminaban como astronauta.
Podíamos ser un monstruo en miniatura, pero no recuerdo que hayamos renegado de tal situación y con lo poco que teníamos éramos felices.
Ahora ya no. Cada vez es mas prematura la batalla que debemos librar los padres en contra del consumismo estúpido que discrimina, excluye y hace sentir mal a nuestros hijos. De a poco debemos ir enseñándoles que no somos lo que vestimos y que la mejor prenda que nos viste es una sonrisa.









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