Visita siempre esperada
Cuando ellos llegan de visita siempre es una grata alegría.
Cuando ellos llegan, en algún lugar de mi corazón vuelvo a ser el niño que correteaba por los patios, que saltaba y jugaba; que al llorar enjugaba mis lágrimas en el delantal de ella, y reía con las constantes bromas de él.
Los veo y necesariamente viajo con mis recuerdos a cada momento de mi vida. Me veo de chico sentado junto a ellos en el patio de la casa vieja en las calurosas navidades; Me veo haciendo los deberes en la mesa de la cocina mientras huelo a guisos o estofados; Me veo junto a la cama cuando alguno de ellos estuvo enfermo; Me veo el día que me casé abrazándolos emocionado; Me veo llegando a Córdoba de tanto en tanto solo con mi bolso y con mi felicidad de estar nuevamente con ellos.
En ellos siempre encuentro necesidad de refugiarme aunque más no sea por un par de horas o por unos días. Y siempre fue así, de niño y de grande, de soltero y de casado; En mis tristezas y en mis alegrías, aplacando mis euforias y ayudándome a elaborar mis duelos.
Siempre estuvieron y siempre estarán por que en mi corazón y en mi memoria guardan un lugar único e irremplazable.
Hoy llegaron mis abuelos de visita por unos días y como hace treinta años, corro feliz a sus brazos.
A mis abuelos, Tano y Alicia, dos de las personas que mas amo en la vida.









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